En su patrimonio, ocupa un lugar destacado el Castillo, del siglo IX, con su Torre del Homenaje, los yacimientos arqueológicos de los Castillicos, y sobre todo el poblado ibérico de Molinicos, que, gracias a su buen estado de conservación, nos permite conocer el urbanismo ibérico y sus técnicas constructivas.
En el paseo por Moratalla merece la pena disfrutar de las Casas Señoriales, la Iglesia de Santa María de la Asunción, de estilo renacentista y con sacristía barroca y su Museo de Arte Sacro, la Ermita de Santa Ana o el Convento de San Francisco, antigua ermita de San Sebastián, ejemplo del barroco murciano, construido a finales del XVI y terminado en el XVIII.
Naturaleza:
Son dignos de visitar los originales bosques de Sabina Albar, en la pedanía de El Sabinar, los encinares de Bagil, Revolcadores, Villafuerte, el paraje de La Puerta, los encantadores campos de Béjar, San Juan, la sierra del Cerezo, etc., pudiendo encontrarse con algunos ejemplares de la fauna de estas tierras: cabra montés, jabalíes, pequeños mamiferos, águila real, águila culebrera, águila calzada, ratoneros, azor, gavilán, etc.
Por otro lado, también son importantes los cursos de agua como el río Alhárabe y Benámor, o el propio río Segura con sus arrozales en la zona de Salmerón. Debido a la gran fisuración del terreno y a su naturaleza permeable, las sierras de Moratalla son auténticas esponjas que dan lugar a numerosas fuentes, como las del manantial del Cantalar, con aguas de propiedades medicinales; Somogil, fuente termal con propiedades curativas; o la fuente salina del Salero del Zacatín. La acción del agua y su discurrir ha dado lugar a parajes de incalculable valor y belleza: el más conocido de todos es La Puerta del río Alhárabe, pero, desde luego, no es el único.
Fiestas
Carnaval, aunque hasta hace unos años parecían haber caído en un largo letargo, hoy presentan un renacimiento fruto del esfuerzo y participación de los colegios y sus alumnos y del apoyo del Ayuntamiento.
Semana Santa, declarada de Interés Turístico Regional, que se caracteriza por el protagonismo del tambor. El nazareno cubierto de túnica multicolor entabla un diálogo de redobles con esta joya de la artesanía. En los últimos años ha sufrido un nuevo impulso gracias a la iniciativa de los moratalleros que ha hecho resurgir de nuevo los pasos procesionales y a los esfuerzos de los artesanos y de la Escuela de Tambor por extender y conservar esta tradición.
Fiestas del Santisimo Cristo del Rayo, entre el 11 y el 17 de julio, cuando se conmemora el milagro ocurrido al caer un rayo en una imagen de Cristo Crucificado cuando el templo se encontraba abarrotado de fieles. Son las fiestas mayores del pueblo y su manifestación fundamental son los encierros de reses bravas, "las vacas".